
Playas
Cala Mesquida
Cala Mesquida es la playa del viento y de la arena. En el extremo noreste de la isla, abierta de par en par al canal de Menorca y sin un cabo que la resguarde, es el arenal donde rompen las olas cuando en el resto de Mallorca el mar está plano — y donde se levanta el sistema dunar más grande de la isla, y uno de los mejor conservados.
Trescientos metros de arena blanca y fina, con unos ciento treinta de anchura, en una cala abierta al norte. Pero lo que la hace única no es el arenal: es lo que hay detrás. Un sistema de dunas poblado de pinar y lentisco, coronado por es Munt Gros, que no se parece a nada más en Mallorca. Y como ninguna elevación la protege, aquí casi siempre corre el viento y casi siempre hay olas — algo rarísimo en el Mediterráneo balear, donde basta con que el mar venga del norte para que Mesquida rompa. Por eso es la playa de referencia de los surfistas y windsurfistas de la isla. Y por eso mismo, cuando aquí solo había velas, este tramo de costa se llevó más de un naufragio.
Sin complicaciones. Desde Capdepera se llega en coche por carreteras locales bien señalizadas, y en verano funciona la línea 422 de autobús, de mayo a septiembre, con parada a menos de doscientos metros de la arena. El aparcamiento junto a la playa es gratuito, pero es pequeño y se llena pronto; hay otro, también gratuito, a doscientos metros, cinco minutos andando. Ni pago, ni restricciones de acceso, ni lanzadera. En eso Cala Mesquida es de las fáciles.
Tiene servicios, pero no sensación de urbanización: detrás hay un núcleo pequeño, no una muralla de hoteles. El ambiente lo marcan el viento y la gente que trae el surf, y eso le da un aire más joven y menos de sombrilla que el de otras playas del noreste. Estas dunas están declaradas Área Natural de Especial Interés desde 1991 —junto a Cala Agulla y Cala Moltó— y protegidas como hábitat prioritario europeo. Son de las mejor conservadas de la isla, pero también de las más frágiles: la presión del paso de gente sobre la duna es un problema real, y su cuidado depende de una pasarela y unos captadores de arena que han pasado años sin el mantenimiento que necesitan. Cuando esa infraestructura funciona, la duna se recupera: la restauración de 2009 revirtió la erosión en menos de diez años.
Cala Mesquida es el pulmón del noreste. Capdepera y Cala Rajada están a un paso, en una comarca que se libró de la escala de la bahía de Palma y que conserva pueblo de verdad —con su castillo, su calle y su vida de invierno— además de costa. Y el argumento para quien compra es el mismo que en Formentor, y por la misma ley: la declaración de 1991 blinda Cala Mesquida, Cala Agulla y Cala Moltó, y en un Área Natural de Especial Interés no se levanta vivienda nueva. Tres calas seguidas que no se pueden edificar es un cinturón difícil de encontrar en esta isla. El pero hay que decirlo también: el viento aquí es carácter, no anécdota, y hay días en que la sombrilla no aguanta. A cambio, tienes una de las mejores dunas del Mediterráneo como vecina, y un tramo de costa que por ley seguirá igual dentro de treinta años.


