Playa de Formentor

Playas

Formentor

Formentor, Pollença

Formentor es la otra cara de Mallorca. Si Es Trenc es el sur —llano, virgen, de dunas y salinas—, Formentor es el norte: una playa larga y estrecha de arena blanquísima al pie de la península más espectacular de la isla, con el pinar bajando hasta rozar el agua y la Serra de Tramuntana cerrando el horizonte. Aquí se levantó en 1929 el Hotel Formentor, concebido como retiro cultural, y desde entonces el nombre arrastra un prestigio que ninguna otra playa mallorquina tiene.

Un arenal largo y estrecho, de arena muy fina y clara, en la cala de Pi de la Posada —su nombre oficial, aunque casi nadie la llame así—, con el islote de Formentor enfrente. Lo que la hace inconfundible es el bosque: un pinar denso, mezclado con encinas, cubre la península hasta el borde mismo de la arena, y las ramas llegan casi a tocar el agua. El agua es transparente y poco profunda, y detrás se levanta la mole de la Tramuntana. No hay bloques, ni paseo marítimo, ni urbanización: solo pinar, arena y el hotel escondido entre los árboles.

Aquí está la letra pequeña, y es importante. De mediados de mayo a mediados de octubre, de diez de la mañana a diez de la noche, no se puede acceder en coche ni en moto (las fechas exactas se fijan cada año). La carretera se parte en dos tramos: de Port de Pollença a la playa se permite entrada limitada hasta llenar el aparcamiento, de unas 300 plazas; de la playa al faro solo circulan la lanzadera, ciclistas, peatones y servicios de emergencia. La forma recomendada es dejar el coche gratis en Port de Pollença y coger la lanzadera del TIB (línea 334), que pasa cada 35 minutos entre las 9:30 y las 21:50 y para en la propia playa. Residentes y vehículos de personas con movilidad reducida pueden pedir autorización a la DGT con tres días hábiles de antelación. Fuera de esas fechas y horas, se llega en coche sin más.

Formentor no es una playa salvaje, y ahí se separa de Es Trenc: tiene servicios, hamacas, restauración y, entre los pinos, el Hotel Formentor, abierto en 1929 por el mecenas Adán Diehl como retiro para artistas e intelectuales —por sus habitaciones han pasado desde Winston Churchill hasta John Wayne u Octavio Paz—. Esa mezcla de naturaleza protegida y hotelería histórica le da un aire más elegante que agreste. En verano se llena, aunque la regulación del tráfico ha puesto coto al colapso que sufría la carretera. En primavera y otoño, con el coche permitido y sin aglomeraciones, es de lo mejor que tiene la isla.

Formentor es el gran activo del norte. Port de Pollença la tiene al otro lado de la bahía, y Pollença y Cala Sant Vicenç orbitan a su alrededor: una zona premium, muy internacional, donde el paisaje es literalmente parte del producto. Y aquí está la clave para quien compra: toda la península es Área Natural de Especial Interés —la figura de máxima protección balear— y forma parte de la Serra de Tramuntana, Patrimonio Mundial desde 2011. En un ANEI no se puede levantar vivienda nueva: lo que hay hoy es lo que habrá dentro de treinta años. El peaje es el verano, cuando ir a media mañana significa lanzadera o bicicleta en vez de coche. A cambio, tienes uno de los paisajes mejor protegidos del Mediterráneo como patio trasero — y en octubre, casi para ti solo.

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